Cómo comenzar a tomar té

Tenía pensado hacer la primera reseña de tés con el Té Diosa, sin embargo cambié de opinión. Creo que es mejor hablar antes de algunos factores que se deben tener en cuenta en los primeros acercamientos al té.

Es común que sientas temor cuando te acercas a algo nuevo y con el té no es distinto. Aún no tengo claro cuándo comencé a beber té, mas sí tengo recuerdos profundos de cuando me enfermaba del estómago y mi abuelo arrancaba algunas hojas de menta, de una mata (Mentha Piperita) que estaba en el patio, para que mi abuela me preparara una infusión. Así comenzó mi vínculo con las bebidas aromáticas.

La elección de mi abuelo no fue casual. Él también aprendió en familia esa propiedad medicinal de la menta y luego, con el ejemplo se la transmitió a mi papá, a mis tíos y a mí, sin embargo hay temas “más técnicos” que no se enseñan tan fácilmente, la temperatura del agua por ejemplo.

Infusiones, decocciones y demás

De las plantas aromáticas y medicinales se pueden sacar distintos derivados. Algunos de ellos son decocciones, infusiones, tinturas y maceraciones, sin embargo para los interesados en tomar té las más relevantes son las dos primeras.

El resultado, es decir el líquido que resulta del contacto de la planta, de té (Camellia Sinensis) o de otra especie, con el agua es lo que comúnmente llamamos tisana. La diferencia entre infusión y decocción está en el modo de preparación, siendo la primera la más común en la cultura del té.

Observar el tamaño de las burbujas

En líneas muy generales el té verde y las aromáticas secas deben servirse con el agua a aproximadamente 75 grados centígrados, pero lo cierto es que casi nadie tiene un termómetro en la cocina para andar midiendo la temperatura del agua, por eso lo mejor es usar los ojos. La observación bien entrenada es una herramienta muy útil para disfrutar más del té.

Quédate un rato mirando el recipiente donde estás hirviendo el agua. Ojalá que sea uno abierto para que puedas ver lo que está ocurriendo. Para esta prueba una tetera no va a ser muy útil y verás porqué.

Después de que el vaho del agua comienza a dibujar líneas onduladas en el aire es el momento de concentrarte. Lo siguiente que verás es cómo, después de una leve perturbación en el líquido, comienzan a formarse unas pequeñas burbujas que luego subirán hasta la superficie, en ese momento puedes apagar el fuego y verter el agua sobre una cucharadita de hojas secas de albahaca (Ocimun Basilicum), menta o yerbabuena (Mentha Viridis).

primer plano de plantas cortadas de albahaca y yerbabuena

Albahaca (izquierda) y yerbabuena (derecha).

La miel viene después

Lo ideal es comenzar bebiendo tisanas de estas variedades porque tienen sabores suaves que te enseñarán a disfrutar las notas que componen su esencia. Si de entrada agregas dulce, ya sea en forma de miel, panela, azúcar, estevia, etc. le quitarás a tu lengua la posibilidad de saborear esencias sutiles que se cubren fácilmente con otros ingredientes.

Siguiendo estos pasos poco a poco tus niveles de sensibilidad frente a los sabores irán descendiendo, hasta el punto en que con el olor de una bebida tu boca sabrá lo que le espera, pero para eso es necesario ser paciente. Luego, cuando sea el momento de beber mezclas muy amargas o muy ácidas, como algunas que incluyen flor de Jamaica (Hibiscus Sabdariffa), también conocida como hibisco, sabrás cuál es la cantidad de dulce que necesitas para gozar el sabor único de una bebida sin que esta pierda su carácter.

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